Girar en la segunda estrella a la derecha, volando hasta el amanecer.

A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle. Si uno dice a los adultos: "Vi una bella casa de ladrillos rosas, con geranios en las ventanas y palomas en el techo..." no logran imaginársela. Hay que decirles: "Vi una casa de cien mil francos." Entonces exclaman: "Qué lindo !" .


Abrimos la puerta corredera y allí, entre el tumulto, me pareció verlo. Peter Pan, grité. Y entre risas, resaltaste que mi cordura hace tiempo se perdió. Aceleré el paso tirando de tu mano y cuando creí haberlo perdido, engullido por el gentío, el tintineo brillante de Campanilla hizo que ambos sonriésemos al cruzarnos con ella, varita en mano: ahora no podías negarlo, estaban entre nosotros, incluida Wendy.

Vinieron por ti, porque tú aun tienes abiertas las puertas a Nunca Jamás. Porque tú nunca preguntaste lo que todos, porque tú preguntaste lo que nadie hizo. Y preguntaste por su voz, por su risa, por sus sueños, por su color preferido. Querías saber sobre sus miedos, sus pecas, su color de uñas, las canciones que odiaba o que sabor prefería para la mermelada.

Gracias a eso logras que no olvide esos detalles, que la sienta aún cerca mía, y también que yo aprecie lo especial que eres. Esa tarde, por un rato al menos, volé de tu mano a Nunca Jamás y ella, orgullosa de tí, sonrió al vernos, esté donde esté.

Porque mañana se cumplirán tres años desde que nos despedimos y la sigo echando de menos tanto como el primer día, maldita sea. Y ahora, lo que deseo con todas mis fuerzas es nunca tener que echarte de menos a tí, porque eso significará que estás a mi lado. A tu lado. Solo con eso, ya estaremos preparados para el próximo invierno

Siempre la estuviste esperando



Cierras los ojos, cuentas hacia atrás, sonries. Sé que te debo algunos versos. Escribía sobre inviernos que se fueron, ahora flores de almendros en el hueco de tus manos.
Es un pequeño homenaje a los testamentos escritos en cualquier papel y que dejamos abandonados en la cocina. O en un cajón del escritorio. O como aquel olvidado en el fondo del bolsillo de un abrigo (aquellos días azules, aquel sol de la infancia). Declaraciones de amor definitivas que improvisamos mientras la radio vomita su ristra de desencuentros y desayunamos poemas sumergidos en un café apresurado, mientras en la calle nada importa. Sólo tu cuenta atrás, imparable hacia el cero.
O como aquellos otros que se escriben en la servilleta de un bar, cuando ya está cayendo el día y esperamos a esa cita que se retrasa, con la urgencia del que cose recuerdos a los bolsillos para no olvidarlos, con la dicha del encuentro inminente con la vida que entrará a trompicones por la puerta, sofocada por las prisas, disculpándose por el retraso, porque el tráfico está imposible o, tal vez, no recordaba bien la ubicación del bar. Pero uno casi no escucha, no te preocupes, cegado por la sonrisa de ella, lo malo de llegar tarde es que tendrás que marcharte tarde, y ella baja la mirada y tú pides dos cañas. Y piensas que es verdad que no importó esperar, porque tienes la sensación que siempre la estuviste esperando y sólo queda celebrar que por fin ha llegado.



 
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Lágrimas Tántricas by Juan Carlos Villegas Bello is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.